Historia de Granada

Conocí a una mujer junto a la casa de Lorca, en los verdes jardines que la rodean; era joven y hermosa, de piel gitana y con unos profundos ojos negros herencia de sus antepasados árabes; la sonrisa era constante en su rostro y su hablar culto y cariñoso a la vez que transmitía la alegría y pasión andaluzas. No era posible dejar de observarla fijamente, poseía un aura que te hechizaba, solo con un gesto de sus manos estaría obligado a seguirla, al igual que eran arrastrados los marineros por las sirenas…

Vivo con la duda de si realmente conocí a esa mujer o de si mi mente es quien la creó, pero sé con certeza que al recordarla, pasen semanas o años, me invadirá la sensación que únicamente inspira ese amor efímero de verano, aunque no sepa decir de qué o de quien me enamoré.

Nunca sabré su nombre, pero he decidido llamarla como…

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